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martes, 19 de octubre de 2010

¿Cuánto tiempo debe tardar mi hijo en comer?

Educar a nuestros hijos en la alimentación, tanto si se trata de un niño inapetente como no, tiene varios frentes. Estos son los principales :

1. Comer de todo.

2. Inducirle a tomar hábitos sanos de alimentación.

3. Adquirir cultura culinaria.

4. Tomar conciencia del cuándo y en cuanto tiempo nos debemos alimentar.


Vamos a repasar muy rápidamente los tres primeros puntos.  Comer de todo es imprescindible para dotar al niño de una alimentación variada que contenga todos los nutrientes necesarios. Es también necesario que aprenda por qué es necesario ingerir frutas y verduras, cuándo es más necesario tomar carbohidratos o por qué hemos de limitar la ingesta de carnes y productos grasos, dentro del apartado de los hábitos sanos. Luego tendríamos que proporcionar al niño con una cierta cultura alimentaria : algo tan simple como ir al mercado y conocer los nombres de frutas, verduras, legumbres, aves, carnes etc o identificar que el pan se hace con harina, que las patatas nacen bajo tierra o las verduras y frutas son grandes reservas de vitaminas y la carne fuente de proteínas. Y finalmente está todo lo relacionado con la cronometría de la alimentación. El tiempo se refiere a qué horario debemos seguir para ingerir comida y cuánto tiempo debemos gastar en cada toma.

A medida que el niño va creciendo su estómago se va haciendo más grande siendo posible disminuir la cantidad de tomas. Alrededor de los tres años las tomas se pueden equiparar aproximadamente con las tomas de los adultos. Lo ideal sería que se proporcionara comida a nuestro cuerpo cada tres horas. Si nos levantamos a las 7:30, podemos desayunar fuerte a las 8, luego tomar un bocadillo ligero a las 11h, almorzar a las dos de la tarde, merendar a las 5 y cenar ligero a las 8 de la noche. Ese sería un buen horario. Si lamentablemente desayunamos de forma escasa, sería importante adelantar el horario del bocadillo de la mañana y complementarlo con algún lácteo y fruta. Esto también es aplicable a los niños de forma mucho más estricta. Recordemos que su cuerpos no tienen las reservas que pueden acumular los adultos y requieren reponer nutrientes y energía más a menudo. Si seguimos horarios rígidos el cuerpo va a responder mejor cuando alcancen la edad adulta. Puesto que sabe que la comida llegará cada tres horas de forma puntual no tenderá a acumular grasa para compensar largos periodos de tiempo sin ingerir nada. ¿Y cuánto tiempo debemos dedicar a cada comida? Generalmente los adultos dedicamos mucho menos tiempo de lo que deberíamos. Para acelerar la ingesta deglutimos pedazos demasiado grandes de comida, a medio masticar, afectando a todo el resto del proceso digestivo. Lo normal sería dedicar alrededor de una hora a cada comida compuesta de entrantes, segundos y postre. Si el plato es único porque incorpora todos los nutrientes necesarios podemos estar hablando de treinta o cuarenta minutos. Es contraproducente obligar a los niños a comer deprisa porque, siendo todavía más instintivos que culturales saben que necesitan masticar adecuadamente los alimentos para ayudar a su todavía poco formado sistema digestivo. Por eso no debemos forzarles a comer rápido sino a hacerlo dentro de sus propios parámetros. La primera regla consiste en que las porciones se las debe servir el mismo niño. Si éste es inapetente seremos comprensivos con una más que probable exigua ración mientras que si es glotón siempre procuraremos que si ha de hincharse de algo, que sea de verdura y fruta. Luego marcaremos un tiempo por plato. Si tenemos tres platos (entrante, segundo, postre) distribuiremos el tiempo según la dificultad en la ingesta de cada uno de ellos. No es lo mismo entrar con una crema de verduras que hacerlo con unas croquetas. Una vez fijamos mentalmente el tiempo para cada plato no vamos a dejar que el niño se pase de tiempo en interminables masticaciones. No se trata de atosigar al niño inapetente para que digiera la "bola alimenticia" si no de conseguir una masticación normal en un tiempo racional, acorde con el tamaño de la porción y de la temperatura del plato. En el caso del niño glotón la situación cambia : debemos conseguir que la comida pase al estómago con la máxima trituración y eliminar ese ansia en devorar imponiendo calma a la masticación. Si queda comida en el plato del niño inapetente o ésta se ha enfriado retiraremos el plato pasando al siguiente sin regañar pero tampoco alabando una posible finalización del mismo.   Como he dicho muchas veces, la comida es un acto normal y básico de nuestra vida, y de la misma manera que nadie nos regaña o nos jalea para ir a orinar o dormir, tampoco debemos dar más importancia al acto de comer de la que merece. Si la comida se ha enfriado y el niño es muy pequeño la podemos calentar de nuevo en el microondas, pero esta práctica debe desaparecer cuando el niño crece.

Existe la tendencia en las familias en primar los segundos platos por encima de los entrantes. A veces parece más razonable presionar al niño para que se termine la carne que para finalizar la verdura. Es cierto que los segundos debido a su mayor precio parecen desperdiciarse de una manera más dolorosa, pero tan o más importantes son las verduras, la sopa o las legumbres que la carne o el pescado que les suceden. Mucha calma zen ante el filete que se va a medio comer.

El niño inapetente, con sus interminables masticaciones, probablemente no tenga suficiente con una hora para comer pero a lo largo del tiempo tomará esa hora como referencia y tanto si cambia con el tiempo como si no, utilizar una hora para comer es una actitud muy saludable. El niño glotón en cambio tendrá tiempo de sobra. Podemos en este caso espaciar la entrega de los platos o ejercitar diversas habilidades - cortar la carne, enrollar los tallarines en una cuchara etc - que le tomarán tiempo, llenaremos la hora  con el mismo beneficio en su salud a largo plazo.

Existe la costumbre de limitar el tiempo de comida a los niños utilizando un reloj  físico colocado cerca de él. Aunque no conozcan cómo se lee la hora, se les ejercita para saber que cuando la manecilla pequeña y la grande están es una determinada posición el tiempo se habrá agotado. Cuando el tiempo ha transcurrido, se les retira el plato sin más. Tal vez esta técnica funcione para el niño "medio" - lo dudo, stresar al niño no suele servir de nada - , pero es totalmente ineficaz e incluso contraproducente para el inapetente y el glotón. El primero prefiere dejar pasar el tiempo sabiendo que al final le retirarán el plato que a duras penas puede acabar y el segundo se lanza a devorar en lugar de comer de forma tranquila. 

Nuestra vida como adultos está marcada por las rutinas pautadas del tiempo. Podría ser de otra manera, pero es así. Por tanto no es malo inculcar la economía del tiempo en los niños y que lo hagamos de una forma razonable sin caer en los errores que los mayores cometemos comiendo en quince minutos.

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