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viernes, 26 de noviembre de 2010

La UE prohíbe los biberones con bisfenol A

Cada año se retiran diversas substancias - conservantes, colorantes, componentes de los envases como este bisfenol A etc - a los que se les atribuye consecuencias perniciosas para la salud humana. Hasta ese día en que desaparecen de los procesos de industrialización se han venido utilizando con normalidad y es seguro que hayan provocado problemas de salud cuyo origen se ignoraba. 
No creo que nadie obre de mala fe en estos asuntos, ni que se trate de una conspiración maligna, pero cabe preguntarse si no es posible un análisis más riguroso y continuado de la posible toxicidad., sobretodo tratándose de una substancia susceptible de ser empleada en los biberones. Ya sabéis, revisad la composición del plástico de vuestros biberones y obrad en consecuencia.

Recomiendo leer este artículo aparecido en "El Mundo".


lunes, 22 de noviembre de 2010

Leche con canela y limón

Este es un refresco que se puede realizar de forma muy sencilla. Es recomendable emplear leche semidesnatada para que el sabor de la grasa no entorpezca el de la canela. Es un buen sustituto de la leche - aún siendo leche - para aquellos niños que no son muy afectos a la misma.

INGREDIENTES :

1 litro de leche semidesnatada
1 piel de limón
1 rama de canela


Pelamos el limón para obtener una tira de cáscara cuidando de no coger la parte blanca de la misma ya que es amarga. Por tanto la peladura deberá ser ligeramente transparente.
Añadimos la piel y la canela en rama a 1 litro de leche y la ponemos a calentar  hasta que hierva. Vigilaremos para que en ese momento el cazo no desborde e inmediatamente reduciremos el fuego. El hervor se realiza para que la canela y el limón cedan su sabor a la leche. A continuación reducimos el fuego y mantenemos la mezcla sin dejar de remover unos diez minutos (removemos para que los saborizantes dejen todo su aroma en la leche).
Sacamos el fuego, retiramos la rama de canela y la peladura del limón, dejamos enfriar y luego colocamos en el frigorífico en una jarra lista para servir.
Bajo ningún concepto hay que añadir azúcar a este refresco que no le aportaría dulzor - la leche, gracias a la lactosa, ya es dulce de por sí - y sí que empeoraría sus propiedades nutricionales.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Estreñimiento infantil

El estreñimiento es una importante molestia que sufre un 10% de la población infantil. Si el niño defeca menos de tres veces por semana estamos ante un caso de estreñimiento. Hay varias posibles causas para esta afección, pero si la patología ha sido diagnosticada de forma adecuada por un facultativo y en ella se indican causas alimentarias, este artículo puede ser de utilidad.
El estreñimiento causado por carencias en la dieta está directamente relacionado con la ingestión insuficiente de fibra y líquidos, aunque también puede ser causado por un consumo excesivo de alimentos astringentes.
La fibra dietética está presente únicamente en los vegetales y no puede ser digerida por el ser humano. Esto no significa que no sea útil. Uno de sus principales beneficios es aumentar el volumen y consistencia de las heces facilitando el tránsito intestinal. Es recomendable ingerir alrededor de 30 gramos de fibra al día. Los mayores aportes de fibra lo proporcionan las frutas, los frutos secos, las frutas desecadas, las verduras, los cereales integrales y las legumbres. Un primer hábito a adquirir es substituir o alternar el postre lácteo por una fruta. Las más recomendables son los frutos del bosque con casi 10 gramos por de fibra por cada 100 gramos de pulpa, las naranjas que aportan unos 8 gramos de fibra por cada 100 gramos y el kiwi. Si estas frutas no son del agrado de vuestro hijo podéis incluir cualquier otra que proporcionará algo menos de 2 gramos por cada 100 gramos de carne, de promedio.
Si el niño prefiere el zumo a la fruta hay que proporcionar zumo de la naranja sin filtrar, con toda la pulpa posible para así aprovechar la mayor cantidad de fibra posible.
Otra pauta saludable que se debe adquirir es la inclusión de verdura en la dieta de forma diaria y de legumbres al menos tres veces por semana. La verdura más eficaz es la alcachofa mientras que un plato de legumbres - lentejas, por ejemplo - aportan casi 10 gramos de fibra.
Optad siempre por las versiones integrales de la pasta - macarrones, espaguetti etc - y del pan, galletas, bastoncitos etc. Es un simple cambio de hábito ya que no son más caros y son fáciles de conseguir.
Para tratamientos de choque, cuando el problema está ahí y se debe solucionar, lo mejor es consumir frutos secos y fruta desecada, especialmente ciruela. Unos 100 gramos de ciruela desecada significan 15 gramos de fibra mientras que 100 gramos de piñones son alrededor de 12 gramos. Este tratamiento es únicamente de choque porque se trata de alimentos hipercalóricos y no se debe abusar de ellos. Conviene destacar que a veces el efecto positivo de un alimento lo destruimos añadiendo ingredientes que nos perjudican en otros ámbitos. Por ejemplo comer lentejas es positivo a nivel fibra pero si añadimos un hueso de jamón y chorizo en abundancia no será demasiado cardiosaludable.

Una buena dieta, tanto si buscamos fibra como si no, podría ser :

Desayuno :

Un plato de cereales integrales con frutos rojos y leche o yogur
Vaso de zumo de naranja recién exprimido con pulpa

Media mañana :

Bocadillo de pan integral con cualquier embutido

Comida :

Plato de lentejas
Carne o pollo con guarnición de verduras
Pan integral
Un kiwi de postre

Cena :

Plato de verdura (espinacas, acelgas, brécol etc)
Pescado azul
Postre lácteo (yogur)

Respecto a los alimentos que indican que incorporan fibra adicionada no soy muy partidario de los mismos ya que reflejan carencias en la dieta fácilmente subsanables de forma natural. Comercialmente pueden funcionar pero no arreglan otros defectos que presentan muchas dietas y que se arreglarían simplemente alimentándonos de forma natural. Lo mismo digo de los complementos ricos en fibra que deberían además ser supervisados por profesionales.

Si el niño consume muchos alimentos astringentes como patata, zanahoria cocida, arroz etc deberemos aumentar el consumo de fibra o disminuir las cantidades suministradas de de dichos alimentos. También es aconsejable inducir al niño a ir al aseo a una determinada hora del día, con lo cual "acostumbrará" al cuerpo y además intentar que atienda a las necesidades de evacuación y no las anule o cancele porque la actividad que está llevando a cabo le absorba toda su atención.

Es también imprescindible que consuman mucha agua ya que el líquido hará unas heces más sueltas facilitando el tránsito intestinal.

El estreñimiento dietético se arregla con cambio de hábitos y a medio-largo plazo, no por medio de soluciones mágicas.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Reglas básicas al cocinar para niños inapetentes

Cuando un niño ingiere raciones escasas ocurre como con los adultos que siguen una dieta baja en calorías : deben comer bien. Es más, deben comer "mejor".  Esto puede parecer una perogrullada, pero no lo es tanto si se explica en detalle. Cuando ingerimos grandes raciones con un razonable aunque limitado rango  de alimentos probablemente estemos proporcionando a nuestro cuerpo los nutrientes necesarios. Dichos nutrientes no procederán de las fuentes habituales de  suministro, pero estarán presentes en un porcentaje suficiente en otros alimentos siempre y cuando los comamos en grandes cantidades. Por poner un ejemplo,  siempre pensamos que el consumo de leche proporciona la mayor parte del calcio que nuestro cuerpo precisa, pero éste puede obtenerse también de diversos  vegetales (col, cebolla...) y legumbres, sólo que en cantidades menores por unidad de peso. Cuando queremos bajar de peso consumimos menos comida y si la  dieta no está equilibrada - comemos lo de siempre pero en menos cantidades - es más que probable que suframos carencias de algún nutriente. De ahí el error  que suponen esas dietas basadas en el consumo masivo de un sólo producto (la dieta de la alcachofa, la de lechuga y otras aberraciones).
Los niños, inapetentes o no, deben comer siempre de forma equilibrada en las cinco comidas a realizar durante el día (desayuno, desayuno de media mañana,  almuerzo, merienda y cena) si bien deberemos reajustar los nutrientes de acuerdo con la actividad que vaya a realizar el niño. Si por la tarde el niño va a  practicar gimnasia en la escuela es preferible que hagamos hincapié en los carbohidratos de absorción lenta (un plato de macarrones "al dente", por hablar en  cristiano) y dejemos para la noche los grandes aportes de minerales y vitaminas (un plato de pescado con ensalada, una crema de verduras, un gazpacho etc).  Con los niños inapetentes deberemos realizar un esfuerzo mayor y maximizar la cantidad de nutrientes que ingiere por unidad de alimento. También deberemos  aprender a cocinar "bien", tanto en el gusto de los alimentos como en la forma de destruir al mínimo los nutrientes presentes en los mismos. Veamos algunos  "trucos" imprescindibles.

Cocción : Si disponemos de una cazuela con agua fría y en ella introducimos vegetales, carne de ave o de otro tipo y desde ese frío aumentamos la temperatura  estamos tratando de hacer un caldo. En este caso pretendemos que los minerales, vitaminas y proteínas de los ingredientes pasen al agua. En este caso el agua  diluye los nutrientes y los ingredientes quedan en principio desprovistos de interés nutritivo (al menos esa sería la pretensión de un caldo perfecto). Para  realizar un caldo óptimo es preciso introducir todos los ingredientes en el agua fría e ir aumentando la temperatura hasta que se produzca un hervor lento.  La temperatura será ideal cuando el hervor cesa al levantar la tapa de la cazuela. Se trata de una cocción muy lenta puesto que se pretende disolver, no  destruir. Obtener unos 5 litros de caldo puede llevar 4 horas o incluso más. Los caldos obtenidos los debemos utilizar profusamente en la dieta de niños  inapetentes en substitución del agua cuando el ingrediente a cocer absorba el líquido o éste se encuentre inmerso en una salsa (albóndigas en salsa,  fricandó, estofados...). Por ejemplo, es correcto cocer la pasta en un caldo poco graso de pollo o verduras. De esta manera la pasta absorberá el líquido  incorporando los nutrientes. Evidentemente, para no desperdiciar el caldo debemos ajustar muy bien la cantidad de caldo para el peso de la pasta en seco. En  estofados u otro tipo de guisos en lugar de añadir agua utilizaremos caldo y además quedará mucho más apetecible.
Los pucheros son grandes aliados de los padres en su lucha contra la inapetencia. Unas lentejas con arroz, cocidas en caldo de verduras y pollo, son fáciles  de "pasar" y aún más fáciles de complementar con un postre compuesto por fruta y/o lácteos (un yogur con trozos de pera, macedonia de frutas...). Los  pucheros tradicionales de nuestros abuelos son muy eficaces a la hora de tratar la inapetencia puesto que reúnen todos los nutrientes en un único plato y son  fáciles de comer sin complicadas masticaciones (conviene, eso sí, eliminar algunos ingredientes que pudieran provocar rechazo como el ajo, los chorizos o  huesos de jamón).
Para cocer verdura y patatas el método es completamente diferente. Podemos emplear agua porque no pretendemos que los nutrientes pasen al líquido, más bien  al contrario. Así que introduciremos los alimentos en agua hirviendo y a ser posible sin trocear. Es decir, las zanahorias, judias verdes (vainas), patatas y  otros vegetales se introducirán enteros para proteger al máximo las vitaminas y minerales de la acción diluyente del agua. Ocurre que al contacto con el agua  hirviendo los vegetales sufren una cierta penetración del líquido, con lo que se pierden por disolución las vitaminas hidrosolubles y los minerales, pero a  la vez esto provoca cambios estructurales que impiden que dicha penetración vaya más allá de la capa superficia. Basta con hervir una patata entera para  darse cuenta que la capa exterior es diferente en textura al corazón del tubérculo una vez se ha ablandado por completo. Por esta razón el interior  conservará prácticamente la totalidad de las vitaminas. Esto es importante para conservar la cantidad de vitamina C que contiene la patata - y que no es nada  despreciable - por ejemplo. Otro tema importante es cocer el tiempo justo según cada tipo de alimento. Cocer una patata lleva mucho más tiempo que cocer  hojas de espinacas que apenas requieren un minuto ; por tanto no tiene sentido incorporar al agua hirviendo la espinaca y la patata a la misma vez puesto que  lo único que conseguiremos es despojar a la verdura de todos sus nutrientes. Finalmente es importante la cantidad de agua y la condición de hervor. El agua  sólo debe apenas cubrir la verdura. Si estáis pensando en que de esta manera es posible que el líquido se pierda y la verdura se queme, es que probablemente  no estéis cociendo bien los alimentos. La cocción no debe ser tumultuosa : es una pérdida de energía innecesaria. La cocción debe ser tumultuosa cuando se  halle tapada y cesar al poco de levantar la tapa de la cazuela. De esta manera el agua de cocción no disminuirá (puesto que no tiene energía para evaporarse)  y la disminución de nutrientes por disolución será muy baja (puesto que hay poco agua donde "perderse").
Todas las verduras son importantes en la nutrición de los niños inapetentes, pero por su importancia la patata y la zanahoria no deberían faltar jamás. Son  ricas en nutrientes y resistentes a la acción destructora del calor.

Bebidas y comidas "líquidas" : la bebida "natural" que debería acompañar las comidas de los niños inapetentes es el agua. Se debería intentar que no tomara  grandes cantidades antes de las comidas ya que provocaría saciedad, pero bajo ningún concepto debería tomar bebidas con gas o azucaradas. Las primeras porque  hinchan el abdomen impidiendo la ingesta y las segundas porque al llevar azúcar proporcionan energía inmediata en forma de calorías vacías que pueden dar la  sensación de falsa saciedad, aparte de otros efectos nocivos. Dentro de las bebidas azucaradas me refiero a los refrescos carbonatados o no, e incluyo sin  dudar los zumos de frutas envasados. A veces creemos que proporcionando a los niños zumos de fruta envasados estamos dando un "plus" vitamínico. Es cierto,  pero también es cierto que contienen edulcorantes y azúcares que son perjudiciales. Los únicos zumos que deberían tomar los niños de forma regular son los  obtenidos en casa exprimiendo directamente cualquier tipo de fruta, reservando los envasados para ocasiones contadas. Pero si encontráis un zumo envasado sin  conservantes ni colorantes y sin mas edulcorante que la fructosa propia de la fruta entonces no hay problema. Tampoco hay problema si la bebida indica  "vitaminas añadidas". No hay ninguna diferencia entre las vitaminas reales y las creadas artificialmente. Generalmente las hidrosolubles como la vitamina C  pueden completar una dieta que a pesar de nuestros esfuerzos sea deficitaria en fruta y verdura.
Los niños inapetentes suelen considerar que el acto de comer es una pérdida de tiempo y se inclinan por las comidas que pueden engullir de la manera más  rápida posible. Por esta razón entre un yogur y un yogur líquido se decantarán siempre por la segunda opción. En consecuencia es importante conocer un número  importante de recetas de sopas, caldos y cremas, permitiendo formas "fáciles" de tomarlas como puede ser beber directamente del tazón sin la intermediación  de la cuchara para el caso de caldos de pollo o verdura. Si conseguimos que el niño inapetente se aficione o al menos tolere las cremas de verdura, el  gazpacho y el yogur líquido, entre otros muchos alimentos con el mismo formato, tenemos mucho ganado.

Frutas : es importante que el niño se aficione a las frutas de cada temporada. Si sólo le gusta la sandía lo tenemos difícil fuera del verano. En España hay disponibilidad de manzana, platano y pera prácticamente todo el año. Serán nuestras frutas "comodín". En invierno es importante que insistamos con la naranja y la mandarina. El verano es ideal para ampliar el rango con ciruelas, melocotones, melones, higos, cerezas etc. La fruta es tan importante que hemos de hacer cualquier esfuerzo para conseguir que la coma. Todo vale. Si no quiere naranjas, pues zumo de naranja con toda la pulpa que admita el niño. Las manzanas asadas o en compota. Las fresas en una banda de hojaldre. Hasta las uvas de las doce campanadas. Y recordemos que hasta el niño más reacio a la fruta acepta en general el plátano, rico en vitaminas y carbohidratos.

Cocinar bien :  por alguna razón que desconozco, sobretodo en edades muy tempranas del niño, se tiende a cocinar sus comidas sin atender al sentido del gusto. Cuantos padres, al probar el guiso que le estaban largando al niño, han hecho un mohín de asco. Pues bien, si no te gusta a tí, menos les va a gustar al niño. Menos sal, menos fuerte pero un guiso para un niño debe ser "comible" por parte del adulto. Y si no es así, mal lo tenemos.

Finalmente cabe indicar que determinados comportamientos alimenticios que ya no se esperan en determinadas edades son perfectamente admisibles. El niño puede seguir mamando o bien tomando biberones bien cargados con cereales si ello le satisface. No debemos desterrar tales prácticas pensando que eso afecta a la alimentación que todos consideran normal para la edad del niño. En realidad no hay prácticamente nada que sea igual de un niño a otro y menos en los inapetentes.




jueves, 11 de noviembre de 2010

Hamburguesas de zanahoria para niños que odian las verduras

En general los niños no suelen ser muy aficionados a la verdura. Una razón para este rechazo se hunde en los orígenes de nuestra especie como recolectores y cazadores. Muchas verduras y hortalizas contienen substancias tóxicas que desaparecen al cocinarlas (las vainas, la patata, la berenjena etc) pero que si se consumieran crudas podrían provocar que el sujeto enfermara en mayor o menor grado, con efectos todavía más perniciosos si se tratara de un niño. Este rechazo, llamado actualmente neofobia,  protegía subsconscientemente a los más pequeños de echarse a la boca cualquier planta que encontrara. Otra razón es que nuestro sentido del paladar encuentra agradable la presencia de grasa en una comida. El sabor que un niño percibe al consumir verduras es ausencia de dulzor y de grasa, precisamente los dos sabores que identifica con placer. Si a eso le unimos un color habitualmente verdoso y un olor no muy agradable hacer que coman verduras se vuelve tarea imposible. Finalmente,  pero no menos importante, el niño aprecia más los alimentos  muy calóricos  a otros menos calóricos a igual cantidad. Es decir, puesto que su estómago no es de gran tamaño, prefiere llenarlo de alimentos calóricos (generalmente alimentos grasos o de sabor dulce) que equivaldrían a varias tomas de verduras y frutas (de baja capacidad calórica). Esto sucede porque en tiempo pretéritos no era posible asegurar la disponibilidad de alimentos en cualquier momento. Se tomaba lo que había, cuando se podía y antes de que otros les quitaran el alimento de la boca.
Esta receta trata de paliar la aversión infantil hacia las verduras mezclando un producto que ellos suelen encontrar agradable, la hamburguesa, con la zanahoria. Si están bien hechas prácticamente no notarán el cambio y les haremos comer con cada hamburguesa casi una zanahoria entera, que no está nada mal.

INGREDIENTES :

400 gramos de carne picada (ternera, cerdo, pollo-pavo o mixtas)
4 zanahorias medianas
Ajo (opcional)
Perejil
Sal
Pan rallado
1 huevo
Aceite virgen extra de oliva

En primer lugar vamos a rallar finas las cuatro zanahorias. A continuación mezclamos el rallado resultante con la carne picada, media cucharadita de perejil picado, un cuarto de diente de ajo picado, una cucharadita de sal y una cucharada de pan rallado. Amasamos los ingredientes con las manos para que se mezclen bien. Si os miráis las manos al final del proceso veréis que han tomado un color anaranjado. Esto es debido a la presencia de caróteno en las zanahorias. El caróteno es un pigmento que el organismo humano utiliza para ir transformándolo en vitamina A según sus necesidades.
Cuando ya tenemos una masa bien homogénea batimos un huevo y lo añadimos, mezclando asimismo con fuerza. El huevo nos servirá para ligar los ingredientes. Si véis que queda una masa muy líquida podéis añadir más pan rallado.
A continuación cogéis una porción de masa que quepa en el cuenco de vuestra mano, la hacéis redonda y aplastáis para darle la forma típica de hamburguesa (1 dedo de ancho es una medida correcta). Para freírla basta con llenar una sartén con aceite de oliva, calentar y depositar las hamburguesas lado y lado para que se doren. No vamos a cocinarlas para que queden bien hechas en su interior. Si lo hiciéramos quedarían negruzcas, muy poco atractivas y además destruiríamos parte de las vitaminas de la zanahoria. Cuando estén doradas las metemos en el horno media hora a 100 grados y con eso será suficiente. Es recomendable, antes de meterlas en el horno, eliminar el exceso de aceite de la fritura con papel absorbente de cocina.
El sabor es excepcional, quedan muy jugosas y de un bonito color marrón-anaranjado que pasará desapercibido hasta para el niño más recalcitrante.

domingo, 7 de noviembre de 2010

¿Es realmente inapetente?

El término "inapetencia" es un eufemismo que evita emplear un diagnóstico que puede sonar terrible : la anorexia infantil. Este último sólo se aplica cuando realmente se trata de un caso extremo de ingesta muy limitada o nula de alimentos, generalmente provocada por enfermedad o causas psicológicos graves. Pero antes de llegar a la anorexia infantil hay muchas etapas intermedias que sin llegar a ser extremas pueden desencadenar a medio o largo plazo diversos problemas relacionados con la alimentación. Son este tipo de problemas los que analiza este blog. Para "Inapetencia infantil" la anorexia sería una patología grave que sólo debe ser tratada por especialistas mientras que la inapetencia se referiría a estadios menos graves de la misma. Ante la sospecha de un trastorno de la alimentación, lo primero que se debe hacer sin dudar es acudir al pediatra. El pediatra es el único que puede determinar si el peso y altura del niño son los correctos y si existe cualquier alteración grave en la nutrición del niño. 
Muy a menudo los casos que llegan a la consulta del pediatra no corresponden a una patología grave. La altura y peso están dentro del percentil y no se aprecia enfermedad alguna, ni física ni mental. En estos casos los pediatras suelen despachar a los desesperados padres con algún vago consejo o simplemente con un desalentador "ya comerá cuando tenga hambre", lo cual sería cierto si el niño hubiera expresado apetito alguna vez en su corta vida.
La falta de soluciones puede ser desesperante para la familia. ¿Han de hacer algo? es más, ¿pueden hacer algo?, ¿han de acudir a medidas desesperadas o bien esperar pacientemente que se produzca la llamada del hambre?
La inapetencia no es irrelevante porque en caso de no ser tratada puede desarrollar con el tiempo trastornos leves e inclusos graves de la alimentación. Como trastornos graves podemos encontrar la obesidad - en efecto, los inapetentes pueden ser obesos - y la anorexia del adulto. Los trastornos leves incluyen la carencia de diversidad en la alimentación, falta de rendimiento escolar, fobias hacia determinados alimentos etc. La inapetencia infantil se suele tratar mal y por error de los pediatras, educadores y la propia familia degenera en un problema grave cuando tratada desde el principio se hubiera resuelto sin secuelas para el niño.
Lo primero a hacer ante un posible caso es inapetencia es evaluar si nuestro hijo es realmente inapetente. Para ser considerado como tal deberá cumplir que :
  1. La falta de apetito se produce prácticamente desde el nacimiento, pero especialmente al empezar a comer sólidos. Existen precedentes familiares de inapetencia.
  2. El niño suele aceptar mejor los alimentos líquidos que los equivalentes sólidos (mejor el yogur líquido que el sólido).
  3. Es un niño muy inquieto y activo. 
  4. No parece desnutrido y su peso y altura son los normales dentro de su edad.
  5. Suelen ser niños bastante inteligentes y despiertos.
  6. Tienen problemas con la masticación de alimentos duros, que suele ser lenta y complicada.
  7. Prefieren los alimentos de fácil ingesta (sopas y cremas antes que estofados, puré de frutas antes que la fruta en estado natural etc).
  8. Cualquier actividad que les absorba - ver televisión, jugar con los amigos - les anula el apetito.
  9. Su comportamiento frente a la comida es similar en cualquier ambiente, incluyendo los comedores escolares.
  10. Expresan su fijación por determinados alimentos, generalmente de calorías vacías, si estos suman a su sabor una fácil ingesta.
Si del decálogo anterior tu hijo cumple todos los puntos estamos ante un niño inapetente que debe ser vigilado y redirigido hacia comportamientos sanos lo antes posible. A pesar de que el pediatra no lo considere un tema grave.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Comer con niños en restaurantes

Para muchas familias comer en restaurantes acompañados por niños pequeños es un asunto imposible, utópico. Como mucho se han de conformar con acudir a locales donde sirven comida rápida y donde tanto los clientes como los empleados se muestran indiferentes ante el comportamiento de los más pequeños de la casa. Como si el bajo precio de la comida que se sirve diera patente de corso. Esto es lamentable por dos razones :  en primer lugar muestra la impotencia de los padres ante comportamientos inadmisibles que toleran en casa porque no se muestran públicamente y en segundo lugar porque tales comportamientos sólo les permiten acceder a un tipo de alimentación que no debería ser la que tomaran los niños como la correspondiente a las festividades o celebraciones.
Los niños se muestran generalmente muy excitados al llegar a un restaurante. Les acompañan los padres, es un día festivo y probablemente han hecho previamente alguna actividad que los días de colegio no pueden realizar (ir al parque, al zoo, visitar a los abuelos etc). Esa excitación "estalla" en el restaurante y se traduce en mal comportamiento tanto frente a la comida como frente al resto de comensales. Los niños tienen un tipo de inteligencia muy instintiva que les hace comprender que en el restaurante se pueden comportar mal porque sus padres no se atreverán a chillarles "como siempre hacen". Con el mal comportamiento también expresan su aburrimiento o su disconformidad con el tipo de restaurante elegido, o simplemente focalizan hacia ellos la atención de la familia. Al final resulta que una jornada festiva se convierte en una tortura para padres e hijos y en un cruce de reproches mal expresados por los niños y mal devueltos por los progenitores en forma de castigos.
Cuando un niño se comporta mal en un restaurante todos los ojos de los clientes, sobretodo si no llevan niños, se dirigen hacia los padres. "No los saben educar", reprochan en silencio. Si los padres levantan la voz adoptando un tono autoritario o amenazan con un castigo de nuevo la clientela se siente ofendida antes unos padres que son juzgados casi como maltratadores. En cualquier caso los padres siempre pierden.
Vamos a dar una reglas sencilla para que ir a comer fuera se convierta en lo que debería siempre ser : una experiencia agradable.
En primer lugar vamos a "trabajar" la salida al restaurante como mínimo un mes antes de que se produzca si ya tenemos experiencias previas desagradables. En casa no debemos tolerar comportamientos que nos avergonzarían en el restaurante. Se han de sentar a la mesa con las manos bien lavadas y la ropa lo más limpia posible.  Durante la comida los niños no se deben levantar ni adoptar posturas descuidadas. Han de saber utilizar los cubiertos , dentro de la habilidad que su edad les permita, así como la servilleta (nada de sonarse con ella o limpiarse los dedos en la ropa o el mantel).  No se puede interrumpir la comida pidiendo ir al aseo ni despreciar la comida que se le sirve. No se debe ver la televisión mientras se come ni sostener juguetes u otros objetos para distraerse. Para distraerse está la conversación con los padres y la misma comida. Estos hábitos no están orientados únicamente a prepararse para una salida, sino que se deberían fomentar siempre bajo cualquier circunstancia.
Para elegir el restaurante, como para otras muchas cosas, es correcto fomentar una política de pactos. Cuandos se anuncie en casa que se va a ir a comer a un restaurante probablemente los niños solicitarán ir a aquellos locales más de su agrado : pizzerias, hamburgueserías etc. Nosotros como padres debemos tratar de defender nuestra idea de ir a un restaurante "convencional". En primer lugar porque probablemente nos apetecerá más pero también porque en ellos es posible comer mucho mejor (mucho más variado). A veces los niños ganarán y se irá al restaurante de comida rápida que ellos desean pero otras veces, en un balance equilibrado, conseguiremos ir al restaurante de los padres. Eso sí, aquí no hay ni ganadores ni perdedores y no se trata de amargar la vida del resto de la familia si no hemos conseguido nuestro propósito.
Antes de ir al restaurante, sea cual sea, hemos de dejar claro, de manera firme pero no amenazante, que esperamos un comportamiento similar al que hemos enseñado en casa. Que se trata de una salida especial, que tiene un coste alto para la familia y que no queremos malos comportamientos. Hasta es recomendable que nos vistamos de un modo más serio de lo que es habitual mas que nada para sacar a los niños de su contexto habitual.
Debemos elegir cuidadosamente el restaurante al que acudiremos una vez descartados los de comida rápida. En primer lugar es recomendable que sea amplio y cómodo, con suficiente espacio entre las mesas y a ser posible que permita a la familia un cierto "recogimiento", esto es, sería ideal una mesa colocada en la pared rodeada por sofas. Vamos, el tipico "nicho" de los dinner norteamericanos. No se trata de dotar de espacio a los niños para que corran y hagan diabluras, sino fomentar el aislamiento y que la amplitud del espacio no agobie a los niños. En segundo lugar el sitio no debe ser ruidoso, por las mismas razones. El ruido molesta a los niños mucho más que a los adultos aunque pudiera parecer lo contrario.
A menudo los restaurantes que desean atraer la clientela familiar disponen de una zona acotada para que los niños jueguen e incluso cuentan con algún monitor que los controla durante el juego. No estoy en contra de tales prácticas, pero es conveniente centrarnos en la comida y sólo si se prevé una sobremesa particularmente larga considerar su uso. Eso sí, no podemos permitir que el niño engulla o pretenda eludir la comida por ir a jugar.
También es corriente que los restaurantes familiares dispongan de un menú infantil. Suele estar formado por platos sencillos y muy populares entre los niños : macarrones boloñesa, escalopa, nuggets etc. De nuevo no estoy en contra de los menús infantiles, pero para ir a comer tales recetas no hace falta salir de casa. Las comidas fuera de casa deben servir como momento de relax y también para degustar nuevos platos, no para machacar con las recetas de siempre.
No hay problema en haber seleccionado restaurantes de menú buffet. Generalmente agradan mucho a los niños. En este último caso se debe vigilar para que seleccionen un menú equilibrado  - ensalada, pasta, pollo, por ejemplo - y en las cantidades que realmente vayan a comer, advirtiendo seriamente al niño de que lo que se pone en el plato se ha de terminar. Tampoco podemos permitir que ir a recoger comida se convierta en un pasacalles interminable. Los restaurantes con menú buffet son buenos para los niños inapetentes ya que ellos se sirven las raciones que desean. Por muy parcas que dichas raciones nos parezcan no se trata de un despilfarro sino de un reto que han de ir mejorando día a día. No les instemos a que coman más, sino a que coman mejor.
Durante la comida, afortunadamente en  ausencia de televisión, procuraremos dialogar con los niños sobre cualquier tema. Dialogar significa hablar y no como algunos padres piensan en interrogar a los pequeños sobre lo que ha acontecido en la escuela durante la semana. A los niños les gusta escuchar a los mayores como hablan entre ellos preguntando cuando conviene sobre aquellos conceptos o palabras que desconocen. Sus comentarios, a veces desacertados pero otras veces de una claridad que ya nos gustaría tener a los adultos, nos pueden decir más que los cansinos interrogatorios sobre los deberes del colegio. A los niños les gusta ser escuchados y que su opinión sea tenida en cuenta o al menos que se les explique por qué se la descarta. A menudo los padres encuentran cansado explicar en detalle el por qué de las cosas pero con los niños todo pequeño esfuerzo es valorado más de lo que creemos. Si los integramos en nuestra conversación, si disfrutamos con la comida y todos hacemos un esfuerzo el resultado será un almuerzo extraodinariamente enriquecedor.
Cuando los niños son algo mayores se les suele dejar que pidan directamente de la carta la comida que les apetece. Es correcto guiarles hacia las recetas que realmente pensamos que les van a gustar - les conocemos, no por nada somos sus padres - y también hacia las que tienen un precio asumible. Es decir, les debemos educar en la "buena selección".
Si en la mesa hay varios niños es conveniente no agruparlos en un extremo, sino mezclarlos con los adultos. Basta con que alguno haga el ganso para que el resto lo imite arruinando un buen comportamiento general.
Si la comida ha salido a pedir de boca es aconsejable no prolongar la sobremesa. Se pide un buen comportamiento general pero no dejan de ser críos y su atención no puede mantenerse durante largos periodos de tiempo. Las sobremesas extremadamente largas pueden desbaratar una comida de nota.
Si a pesar de todo lo hablado y del "entrenamiento" previo el comportamiento sigue siendo malo es necesario hacer un "aparte" con el niño transgresor y expresarle nuestro desacuerdo con su comportamiento. Sin gritos ni amenazas. A menudo es más efectivo que le expresemos nuestra tristeza que les gritemos : lo inesperado de nuestra reacción les suele dejar perplejos y descolocados.
Al final de la comida no habrá premio si lo han hecho bien ni castigo si lo han hecho mal. Cuando todo va bien estamos felices y el niño también - y ese es suficiente premio - y si todo ha ido mal es cuestión de seguir trabajando.
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